Mi prometido viaje lisérgico II

Es la segunda entrega de tres posts en los que Adryc Manëllson nos cuenta su primer viaje mental

Hola de nuevo amig@s,

Bienvenidos a bordo de nuevo para continuar la inconclusa travesía que iniciamos la pasada entrada por esta verde mar de María. Y lo hacemos en las coordenadas que la dejamos; así pues seguimos navegando por ella ‘Avante’ toda.

La Mar
La Mar

Ya algo despejado bajé corriendo a la cocina. Allí, sonriente me aguardaba Sara. Era una mujer menuda, de melena larga rubia, de ese color algo desvaído que tira ligeramente a panocha. Y alegre como pocas, ya os lo he dicho antes. Me saludó cordialmente y me dijo, – Aquí tienes algo para ti, llegó el otro día. Y me dio un paquete largo. Contenía varias cartas, entre ellas, una de mi tío Chele, y otra de mi padre me llamaron la atención. Estaba pensando si abrirlas en ese momento, o si sería de mala educación, cuando me preguntó de sopetón,

– ¿Os divertisteis anoche..? Me cogió un poco de sorpresa, y le contesté – Sí, estuvimos paseando por el pueblo con Harald y las chicas… Pero fue su contestación a continuación la que sí me dejó más descolocado – Pues eso es lo que importa…  Mi sorpresa fue mayúscula.

Estaba oyendo lo mismo que decía mi abuela cuando me levantaba por la mañana, resacosas de otros tiempos, después de inmensos colocones nocturnos… Casi se me saltan las lágrimas cuando, de repente entró Steven corriendo a la vez que gritaba – Mamá, prepara unos bocadillos que nos vamos a la Mar un rato, así que hasta la cena no cuentes con nosotros. – De acuerdo, contestó ella – pero pronto en casa, mañana tenemos que ir a misa, no lo olvides. Y dándose la vuelta se puso a prepararnos los bocadillos. Más tarde pasando el tiempo lo comprendí todo, eran una familia de marineros, pescadores de toda la vida, igual que la mía. Estaba en mi casa. Y lo cierto es que durante toda mi estancia en Irlanda jamás me sentí más como en casa que en la de Sara y su marido Ciarán.

Steven y yo salimos afuera, dónde me explicó el plan:

Me parece que lo mejor es que nos vayamos a la mar, me da que te hace falta un poco de viento, jajj… vaya careto que tienes, jajj, anoche casi te bebiste toda la botella tú solo.

Exagerado, le contesté aparentando cabreo, me gustó más la cerveza, añadí para darle más fuerza.

Pero la verdad es que la cabeza todavía me daba vueltas, no la tenía para pensar, así que solo dije.

De acuerdo, hace mucho que no salgo y no me apetece mucho estar en casa todo el día.

Recogimos la comida y despidiéndonos nos dirigimos al muelle, mientras le preguntaba que de que iba lo de la misa, si el plan era marcharnos toda la semana. Tonto de mí, me había olvidado lo qué  la Semana Santa lleva implícito, misas y demás rollos.

-Ya sabes que mis padres no van a dejarnos irnos hasta después de la misa Adryc, es domingo de Ramos, y tenemos que ir con ellos a misa. Por cierto, mamá ya compró tu palma.

-Pues maldita sea la palma, estoy loco por olvidarme de todo esto. Le respondí saltando a bordo del bote.

Era un bello barco, pequeño, de 5 metros de eslora y dos bancadas de remos, aparejado con un mástil y botavara, aparejo áurico, o de cuchillo…precioso y muy parecido a mi querida Julia que me aguardaba en mi ensenada de la Magdalena, en la lejana Cantabria. Steven soltó la amarra y nos pusimos a remar hacia la salida del puerto, nos dirigimos a una pequeña caleta y varamos en ella. Allí estábamos a salvo de miradas indiscretas, y nos pusimos a liar unos cuantos petas, no os imagináis lo difícil que es liar con viento en un barco de cubierta abierta, y en la mar, jajjj …Os desafío a probarlo cuando vengáis por mi ensenada. Una vez hechos, nos hicimos de nuevo a la mar e izamos las velas.

Marihuana con sabor a sal

El barco se deslizaba rápido y suave, de nuevo en mi elemento, con un peta en la boca el efecto fue instantáneo, María y el sabor a sal me devolvieron el bienestar, jajaja… Bueno, eso y un chupito de la petaca que Steven había llevado. Ya conoceréis el viejo dicho: “Un clavo otro clavo saca”.

Pasamos la tarde dejándonos llevar por el viento, fumando mientras charlábamos sobre el lunes en que saldríamos por fin hacia mi ansiado viaje.

La Julia
La Julia

Ánimos desde España

Cuando regresamos a casa cenamos y yo me retiré a mi habitación, había olvidado las cartas por completo, además estaba derrotado. Sentado en la cama observé las cartas pensando cuál de ellas abrir primero. Comencé por la de mi tío, primero las alegrías pensé para mí. Y allí estaban, jajjj…

Unas breves palabras para darme ánimos  y decirme que todo iba viento en popa, junto con 20 billetes de mil pesetas de las de entonces, jajaj…todo un sueldo. A continuación abrí la de mi padre. Me intrigaba totalmente pues no era muy normal, de hecho era la segunda que recibía desde mi destierro. Yo sabía que estaba muriendo, y él también, así la abrí y leí detenidamente. Su contenido, con vuestro permiso, lo guardaré para mí, pero Os contaré algo de ella: “ Adrián tienes  ya 15 años, eres un hombre, nunca olvides quién eres. Y jamás dejes que nadie decida por ti…”

Desde ese día he seguido esa máxima, aunque él no podía saber entonces que ese consejo decidiría mi futura vida. Y no voy a aburriros más con recuerdos de viejo, continuo con el tema.

Domingo de Ramos

El domingo a primera hora, bien arreglados, estábamos camino de la iglesia. Por supuesto, yo con mi palma en la mano, para asistir a la misa de Ramos, poco imaginaba yo por aquel entonces que está sería la última a la que asistiría.

Comimos con la familia y pasamos la tarde por el pueblo paseando, yo loco por que pasase rápido, mucho bullicio en los últimos días.

La cabaña

Amaneció el lunes, aunque antes que saliese el sol ya estábamos preparados, habíamos pasado la noche hablando sobre la semana que nos aguardaba. Cuando bajamos a la cocina, allí estaban Harald y Otta junto a Sara charlando con un café en la mano. Los saludé y me preparé otro para mí mientras Steven iba a por la furgoneta que su padre le prestaba para la ocasión. Una vez llegó cargamos las mochilas en ella y nos despedimos de Sara hasta el siguiente domingo.

Cogimos la carretera que bordeaba la costa, un camino la mayor parte de tierra, que nos permitía contemplar las largas playas que la bordeaban a la izquierda, en dirección a Saint Colmans y Pilmore Cottages, cerca desembocaba el río Dissour. Se halla al oeste de Youghal, y tiene una bella ensenada que deja ver sus inmensas marismas en la bajamar. Por cierto que en aquellas playas vi los primeros surfistas cabalgar sobre las olas, jajaja…A lo largo de mi vida he conocido a muchos, pero eso es otra historia.

Un inciso para fumar mi boong de Syrup. Mientras lo inhalo, su inspiración aguardo.

Justo en la punta este que cerraba la desembocadura de la ensenada el padre de Steven tenía una casa, más bien una antigua cabaña, reformada y bastante cómoda, que según me contó era herencia de familia y el lugar de relax de su padre.

Tenía al Sureste Capel Island en el horizonte, y la Mar atlántica inmensa, que ante mí se abría. Que bello espectáculo.

Llegamos al fin y comprobamos que los demás habían llegado ya y montado las tiendas de campaña en el terreno junto a la casa. Extrañado le pregunté el motivo a Steven quién me contestó que ni caso y a lo nuestro, y que en la casa solo dormiríamos nosotros cinco, pues como su padre no conocía a los demás, era lógico por otro lado. No hice más preguntas.

Aparcó junto a la casa tocando la bocina sin parar y gritando – Arriba dormilones, que llegamos… al tiempo que se apeaba corriendo de la furgoneta. Le seguimos y nos presentó a todos. Curiosamente, en contra de lo que yo pensaba, Harald, Otta y Matoya no conocían tampoco al resto, así que me sentí menos cohibido junto a ellos, pues las personas que salieron de las tiendas no eran jóvenes como nosotros, jajaja… bueno, al menos desde mi perspectiva, pues había gente mayor, en particular un tal Paul, que era fotógrafo, y precisamente el que traía las Gotas Mágicas, jajaja…

Tenía casi cuarenta tacos, y no puso muy buena cara al conocerme, mucho menos cuando supo mi edad. Llamó a un aparte a Steven y a Harald. Los demás los observamos discutir airados. ¿Por qué le habrá dicho mi edad…? Pensé para mí. Lo comenté en español con Matoya, quién me miro y se encogió de hombros. Tras unos momentos tensos el Paul dijo – Allá vosotros, yo os lo doy y me largo, no quiero líos.

Y dicho y hecho, se volvió a los demás y les dijo, – Nos vamos – recogió su tienda, montó en su coche con su chica y despareció por el camino sin decir ni adiós, sus compañeros hicieron lo mismo… Mal empezaba el viaje.

Negros pensamientos pasaban por mi mente ante el cariz que mi presencia había dado a un plan en el cuál, en principio yo no estaba incluido me dirigí a ellos y me disculpé. La respuesta me animó un poco…

Lárguese con viento fresco sr “…….”, dijo Steven. Tú no te preocupes Adryc, total lo que queríamos, está aquí… Y alzo la mano en un gesto triunfante. En ella sostenía un pequeño frasco cuentagotas.

Continuará…

Bueno amig@s, el espacio se agota, llega el fin de semana… El lunes acabaremos esta travesía. Os deseo sea lleno de #LosMejoresHumos y de Alegrías. Disfrutadlo a tope.

Llega la hora de fumar mi Boong de #Syrup… hasta entonces a vuestra salud…

Por Adryc Manëllson. @Apez140

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