Mi prometido viaje lisérgico III

Y de cómo un viaje qué tuvo mal comienzo, bien acaba…
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Hola de nuevo,

Disculpad mi ausencia la pasada semana, el maldito trabajo que nos ata me lo impidió. Bienvenidos a bordo y sin más demora zarpamos.

La jornada antes de zarpar

La verdad es que la estampada de la otra gente nos dejó un poco descolocados, jaja…sobre todo a Steven que andaba detrás de una chica que se fue con ellos. Pero este era un tipo duro, o al menos lo aparentaba. Se había criado en la Mar, alternando sus estudios con la faena a bordo del pesquero de su padre. Quería ser patrón de pesca: “Algún día seré el mejor patrón de pesca de la Mar de Irlanda, jaja… se cantarán canciones sobre mis capturas durante años…”, me había contado muchas veces. Yo también compartía ese sueño, pero en la mía, la Cantábrica.

Y divago, será #Syrup, quién me inspira y, por otros derroteros mi mente lleva…

Sin inmutarse, Steven se dirigió a la casa, abrió la puerta y dijo: “Vamos a colocarnos, qué habrá que ordenar un poco…”, entrando a continuación en ella. Nosotros le seguimos sin dilación y entramos. No sé que habría que ordenar, me pregunté, si estaba toda limpia y reluciente, sin una mota de polvo, jaja…se notaba que Sara estaba en ello. Era una casa grande, de una planta, amplia, con una cocina abierta y el salón, enorme, corrido con una puerta al fondo que llevaba a las habitaciones. En una de las esquinas, junto a una ventana con vistas a la Mar había una especie de apartado, con un escritorio grande y estanterías llenas de libros y objetos marineros. Sobre una de ellas había una bella goleta, ultimada en el mínimo detalle. Extasiado en su contemplación escuché a Steven decirnos, en clara referencia a mí: “Ese lugar ni tocarlo por favor, es de mi padre, y no le gustaría qué…”. Dejó la frase en suspenso, para a continuación sentarse en el sofá y añadir: “Ja… vosotros a lo vuestro… ¿Eh..? Venga que hay que meter las cajas con la comida.” Dejé mi mochila en el suelo y salí con los demás a descargar la furgo. Lo metimos todo dentro y lo colocamos en la cocina, Sara debía de haber pensado que íbamos a pasar un mes fuera, jaja… por la cantidad de comida que había preparado.

Nos repartimos las habitaciones y una vez aposentados, juntos en el salón, decidimos dejar el viaje para mañana, y dedicarnos a pasar el día de buen rollo. Liamos unos petas y salimos a pasear por los alrededores. Las largas playas me atraían y hacia ellas nos dirigimos. Ya os había dicho que la hierba que tenía Otta me había gustado, y colocado, jajaja… y aprovechando que me pasó su peta le pregunté dónde la conseguía… “La compré en Glasgow…” me contestó, “Pero si quieres te guardo unas semillas, y ya tienes… no es tan difícil. Me parece que viene de Sudáfrica, pero no me hagas mucho caso…” Lo tomé en cuenta y por la tarde conseguí un puñado de ellas que guardé como oro en paño en mi mochila, para que no se me olvidasen. Por aquél entonces la maría traía semillas… algunas veces demasiadas, y era muy raro encontrar alguna que tuviese pocas o casi ninguna, como era el caso de la hierba de Otta.

Acantilado
Acantilado

Después de comer volvimos a la playa y recogimos leña y maderas que la Mar arroja, para preparar una hoguera y ver ponerse el sol junto a ella más tarde.

Mientras los demás estaban a sus cosas yo me dirigí hacia un saliente rocoso y me senté en él mirando a la Mar. Tenía muchas cosas en que pensar, encendí un peta, y di unas cuantas caladas. El rumor de las olas y María fueron haciendo su efecto. Perdida la mirada en el horizonte, poco a poco mi mente comenzó a trabajar. Y la carta de mi padre me tenía intrigado. En ella también me contaba que tenía un hermano, y eso no me gustaba nada. No por envidia ni nada de eso, si no por que cuando mi padre muriese, yo no tendría familia, solo a una hermana a la que odiaba, sentimiento mutuo, y una madrastra y sus hijos, uno de los cuales, varón como yo, ponía mi situación en riesgo.

Ardilla de IrlandaArdilla de IrlandaYa sé que pensaréis… ¿Este de que va? ¿Un niño de 15 años pensando en eso? Más si Amigos, eran otros tiempos, fríos y duros, y ya soy viejo, 48 inviernos de ello ya han pasados. Pero tranquilos que mi relato continúo, es #Syrup, quién con su magia, a otros tiempos me transporta, y a la vez divagar me hace. La Hierba siempre me ha sido de ayuda en mis momentos difíciles, cuando una decisión tomar debo. Despeja mi mente, me da otro punto de vista y clarifica las ideas… Seré raro, pero no por ello deja de ser cierto, que aparte de para calmar mis dolores, recurro a ella cuando necesito ver las cosas desde otro punto de vista. También mis recuerdos inspira, estos que, aquí con vosotros comparto. Y continúo… Lo cierto es que mi porvenir se tornaba oscuro. Mi tío Chele, y mi Abuelo antes que él, siempre me dijeron: “A la Mar siempre proa Adryc, y jamás hubo temporal que no amainase, capea y piensa mientras lo haces”. Tenía que tomar decisiones, volver a casa como fuera, cosa harto difícil aunque no me faltaba dinero para el viaje, o a proar la Mar y continuar mis estudios en Irlanda, a ser posible el resto del bachillerato, e ir preparándome para abandonar la ensenada familiar y navegar otras mares.

Y en esas estaba, fantaseando con escaparme hasta algún puerto y enrolarme como simple marinero, riéndome en silencio imaginando la cara de mi madrastra viéndome entrar por la puerta de casa, cuando una mano se posó en mi hombro y la voz de Otta me sacó de mis pensamientos: “¿Te importa si me siento a tu lado..?” Levanté la vista y allí estaba de pie, me pareció un ángel, “Por supuesto”, contesté encantado. Era guapa, de una belleza extraña, que a mí me atraía. Un sueño inalcanzable, era la chica de Harald, me sacaba ocho o nueve años, en fin, qué hablar.

Se sentó a mi lado en silencio y mirando fijamente al horizonte. Pasado largo, mientras yo continuaba cavilando me dijo:“te doy un penique por tus pensamientos”. Sorprendido, la miré: “No valen eso Otta, solo la Mar miraba…”. Me miró fijamente y preguntó: “Penas del espíritu, quizá alguna afortunada en tu ensenada aguarda, a la que añoras…”. Dejó la pregunta en el aire, para seguir mirando a lo lejos.

“¿Y Harald? ¿Anda con los demás?, le pregunté a mi vez…”Harald no es mi dueño, ni este su viaje…”. Contestó ella, sin cambiar la mirada. El tono de su voz no era tenso, era normal, y a mí me intrigó, aunque lo dejé pasar.

Fueron pasando las horas entre silencios rotos por tan solo algunos, “Toma el petao unmm, que buena…”. La noche se acercaba y decidimos volver a la playa y su hoguera, dónde estaban los demás riéndose todo colocados, ¿de qué se reían..? Todavía hoy día no lo sé. Misterio e intriga.

Habían encendido la hoguera, las llamas se elevaban al cielo, la noche comenzaba, y no había luna. Nos sentamos con ellos, uniéndonos al jolgorio. Tras una breve discusión sobre la cena, llena de risas y bromas varias, fue a base de bocatas. Una vez acabamos Harald sacó una pipa larga, y la preparó a conciencia. La encendió con ceremonia, y tras una larga calada se la pasó a Otta, quién hizo lo mismo, pasándomela a mí. Era la primera vez que fumaba hierba en una pipa larga, jaja… Y di una larga calada, pues no parecía que me llegase nada, cuando de repente, el humo inundó mis pulmones con fuerza, haciéndome toser… la cabeza me daba vueltas… aún lo recuerdo, y tuve que sentarme en la arena, para tumbarme… No me tenía sentado, la mente me daba vueltas… el suelo se movía…Y los demás se tronchaban de risa a mi costa, jaja…

Pasado un rato escuché el sonido de una flauta, a la que siguió una voz maravillosa acompañándola. Por un momento pensé que estaba con Claire a mi lado, y asombrado me levanté. Era Harald quién tocaba la flauta, la voz… de Otta, mágica, que alegró mi espíritu, música antigua, de la tierra que nos acogía, una vieja canción de origen celta, Gaell. La añoranza me invadió, y como estaba muy colocado, pensando a la vez que dentro de la casa iba a molestar, pues en mi colocón, ya había emparejado a Steven con Matoya, jaja… cosas de la inexperiencia, decidí coger mi saco y dormir en la arena, entre las dunas. Así se lo comenté, y extrañados me dijeron que haría frío y esas cosas, que no molestaba. Pero yo siempre he sido muy necio, y no lograron sacarme de mi idea. Así pues, entré en la casa, cogí mi saco y fui hasta las dunas, dónde busqué un sitio resguardado del viento, y tuviera vista a la Mar. Allí me tumbé, y solo mirando un cielo lleno de estrellas me perdí en mis cavilaciones, y escuchando la lejana música, me dormí.

Amanece en Youghal
Amanece en Youghal

Un amanecer luminoso

El amanecer fue luminoso, y en contra de lo que me habían dicho del frío, estaba sudando como un cerdo dentro del saco. Incómodo, me levanté y desnudándome me sumergí en la mar. Su frío abrazo me devolvió a la realidad. Estaba fría y algo fuerte, de fondo, así tras unas breves brazadas me dirigí a la orilla y salí del agua tiritando. Jurando estaba recogiendo la ropa cuando unas risas hicieron que me volviera. Otta y Matoya estaban delante de mí y yo desnudo con la camisa en la mano, jaja… Rápidamente me di la vuelta y me puse los pantalones. “Vamos dormilón, que ya está el desayuno, y tranquilo, jaja… que no nos asustamos por ver a un hombre desnudo…”. Dijo Otta, y Matoya añadió con sorna, “Y menos de un niño”.

Decididamente aquella vasca no me caía nada simpática, así que obvié el comentario y las acompañé adentro.

El aroma a té y café recién hechos inundaba el ambiente, y sobre la mesa había huevos revueltos, beicon, fruta… Nos pusimos como el Kiko, María siempre da mucho hambre, jaja…

Una vez satisfechos, fumamos unos petas y llegó el gran momento: Steven sacó un plato con cinco terrones de azúcar y el frasco mágico, los puso encima de la mesa y dijo:”¿Preparados para volar?”

Y abrió el frasco. Con parsimonia fue poniendo dos gotas en un terrón y se lo dio a Harald. Repitió la operación con los demás, y cuando llegó mi turno observé que en el mío solo ponía una gota. Es tu primera vez Adryc, y no quiero que tengas un mal viaje. Esto te abre la mente de una manera que ni imaginas, y tranquilo, poco a poco que tenemos ocho días por delante, según lo lleves veremos si te doy otro”. Aunque mosqueado, me pareció lógico y no dije nada, cogí el terrón y lo dejé deshacerse en mi boca. No sé que esperaba sentir o saborear, jaja… sólo sabía a azúcar.

Playa de Youghal
Playa de Youghal

Continuará…

Y bueno amigas y amigos, ya es tiempo de fumar mi Boong de #Syrup, pasad un bello y magnifico fin de semana. Hasta pronto y #LosMejoresHumos de, a vuestra salud.

Por Adryc Manëllson. @Apez140

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